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Retinopatía hipertensiva

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La retinopatía hipertensiva es la enfermedad producida por la degeneración de la retina a causa de la hipertensión arterial (HTA).

Especialidades:
  • Retinopatia diabetica

La hipertensión arterial

La hipertensión arterial (HTA) es el factor de riesgo modificable cardiovascular más perjudicial, ya que el aumento de la presión arterial incrementa la probabilidad de enfermedades cardiacas, neurológicas e incluso de mortalidad. La hipertensión arterial afecta a las arterias de varios órganos del cuerpo, actuando silenciosamente durante mucho tiempo antes de que el daño en los órganos sea clínicamente aparente.

Se considera que una persona presenta hipertensión arterial cuando la presión arterial sistólica es igual o superior a 140 mmHg, y la presión arterial diastólica es igual o superior a 90 mmHg. En personas diabéticas, con enfermedad vascular o renal, se considera que hay hipertensión arterial cuando la presión supera los 130/80 mmHg.

La retinopatía hipertensiva

La retinopatía hipertensiva es el conjunto de alteraciones que tienen lugar en la retina causadas por la hipertensión arterial. Estos cambios pueden observarse en el examen del fondo de ojo que se realiza mediante el oftalmoscopio.

La retina se ve alterada por lesiones que son consecuencia de la hipertensión, aunque otros factores, como la arteriosclerosis o la edad avanzada, influyen en el desarrollo de la retinopatía hipertensiva.

El examen del fondo de ojo en los pacientes hipertensivos es fundamental, ya que los cambios que se aprecian en la retina permiten estimar la gravedad de los cambios producidos en otros órganos a consecuencia de la hipertensión y establecer de este modo un pronóstico de la enfermedad. Aún así, la ausencia de signos de hipertensión arterial en el examen de fondo de ojo no descarta la existencia de hipertensión arterial ni de alteraciones en la circulación en otras partes del organismo.

¿Qué síntomas produce la retinopatía hipertensiva?

Retinopatía hipertensiva crónica. La mayor parte de las personas con este tipo de problema permanecen sin síntomas durante mucho tiempo y suelen ser diagnosticadas gracias a los exámenes de fondo de ojo que se realizan como parte del control de la hipertensión arterial. En el fondo de ojo se puede apreciar en estos casos una disminución del grosor de los vasos, unos cruces arterio-venosos patológicos y dilataciones saculares en la pared de los vasos. Además, este tipo de hipertensión aumenta el riesgo de que se produzcan oclusiones vasculares, pudiendo afectarse entonces la visión. En los pacientes con hipertensión de larga evolución o severa, puede aparecer visión borrosa o disminución de la agudeza visual y en algunos casos puede existir una pérdida significativa de la visión, sobre todo en aquellos casos asociados a otras patologías, como diabetes o arteriosclerosis.

Retinopatía hipertensiva aguda. También se conoce como retinopatía maligna o acelerada. Este tipo de retinopatía ocurre sobre todo en pacientes con hipertensión asociada a enfermedades como eclampsia o preeclampsia, feocromocitoma, etc. En estos casos la visión puede afectarse de manera más importante. Se presenta en situaciones en las que el aumento de la presión arterial es brusco. Se caracteriza por presentar visión borrosa, que suele ser transitoria y se normaliza al restablecerse los valores normales de presión, pudiendo estar acompañada de dolor de cabeza. En el fondo de ojo se observa una disminución generalizada del calibre de los vasos. En los casos más graves se pueden apreciar hemorragias, exudados y edema de papila.

¿A qué se debe la pérdida de visión en la retinopatía hipertensiva?

El incremento de la tensión arterial altera los vasos sanguíneos. En la retina existen multitud de arterias y venas que recorren su superficie. Cuando la tensión arterial aumenta, los vasos y los tejidos que los rodean sufren alteraciones: aumento de permeabilidad, que provoca la salida de líquido y sustancias del plasma hacia la retina. Algunos vasos sufren una importante contracción, disminuyendo el flujo sanguíneo hacia algunas regiones de la retina que quedan dañadas por la falta de riego sanguíneo. También pueden producirse hemorragias debidas al daño sufrido por los vasos. La salida de líquido procedente de estos puede dar lugar, finalmente, a edema de la retina.

En los casos más graves, puede afectarse también la coroides (capa que rodea a la retina), dando lugar a coroidopatía hipertensiva. Cuando la enfermedad está muy avanzada acaba afectando al nervio óptico. Se denomina papiledema la acumulación de líquido en el tramo inicial del nervio óptico (llamado papila óptica). Ambos son signos avanzados de hipertensión y pueden acompañarse de alteraciones significativas de la visión.

Factores de riesgo de la retinopatía hipertensiva

  • Mal control de la presión arterial crónicamente elevada.
  • Diabetes mellitus.
  • Consumo de tabaco.
  • Embarazo.
  • Niveles altos de colesterol y triglicéridos.
  • Ser mayor de 50 años.
  • Diversos factores genéticos.

 

¿Cómo se diagnostica la retinopatía hipertensiva?

El principal método para diagnosticar la retinopatía hipertensiva es mediante el estudio del fondo de ojo, que consiste en el análisis de la retina y sus vasos por medio de un oftalmoscopio. Es una prueba sencilla e indolora que se realiza en pocos minutos.

Además, hoy en día es posible filmar o fotografiar el fondo de ojo y conservar una imagen para compararla con otras futuras para seguir la evolución del paciente.

La angiografía con fluoresceína permite el registro de la imagen del fondo de ojo tras la inyección de un contraste que se distribuye a través de la circulación sanguínea. Esta técnica puede resultar de utilidad para valorar la gravedad de la enfermedad, sobre todo en aquellos casos en que existen patologías asociadas como la retinopatía diabética.

Tratamiento

No existe un tratamiento específico para la retinopatía hipertensiva. El tratamiento consiste en controlar adecuadamente la presión arterial. Por este motivo, además de seguir unos hábitos de vida saludables (control de peso, disminución de la sal en las comidas, ejercicio físico moderado y regular...) y la administración de fármacos antihipertensivos, es importantísimo medir regularmente la tensión arterial, con el fin de diagnosticar la hipertensión arterial y seguir el tratamiento adecuado. Manteniendo los niveles de tensión arterial dentro de los límites normales podremos evitar el daño que la hipertensión arterial produce en los distintos órganos y en nuestros ojos.

En el caso de la retinopatía hipertensiva aguda se está ante una situación de urgencia, cuyo tratamiento se realiza en el ámbito hospitalario y va orientado a un control exhaustivo de las cifras de tensión arterial con tratamientos mucho más específicos.

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