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Ojos otoñales

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22/09/2017

La llegada del otoño, como cada cambio de estación, supone un esfuerzo por parte de nuestro organismo para adaptarse a la nueva situación y, sobre todo, a nuestros variables hábitos de vida. Solemos multiplicar las horas dedicadas a actividades dentro de casa para las que es necesaria la luz artificial (leer, ver la televisión, trabajar con el ordenador…), aumentamos el tiempo destinado al ocio y el deporte en espacios cerrados y, en el caso de las mujeres, el uso de maquillajes se acentúa. Todos estos factores, así como la mayor incidencia de alergias, gripes y resfriados suelen acabar afectando, de uno u otro modo, a nuestros preciados y frágiles ojos.

  • ojos otoñales

La llegada del otoño, como cada cambio de estación, supone un esfuerzo por parte de nuestro organismo para adaptarse a la nueva situación y, sobre todo, a nuestros variables hábitos de vida. Solemos multiplicar las horas dedicadas a actividades dentro de casa para las que es necesaria la luz artificial (leer, ver la televisión, trabajar con el ordenador…), aumentamos el tiempo destinado al ocio y el deporte en espacios cerrados y, en el caso de las mujeres, el uso de maquillajes se acentúa. Todos estos factores, así como la mayor incidencia de alergias, gripes y resfriados suelen acabar afectando, de
uno u otro modo, a nuestros preciados y frágiles ojos.

Otoño, tiempo de alérgenos

El otoño es, con la primavera, la estación más problemática para las personas alérgicas. La concentración de alergenos (las sustancias responsables de la sobrerreacción de nuestro sistema inmunológico) aumenta y, en más del 50% de los casos, los ojos sufren sus consecuencias. El polen es probablemente la causa más común de la alergia ocular y su concentración en el aire aumenta durante la primavera y el otoño, pudiendo causar hinchazón, lloriqueo o incluso conjuntivitis alérgica. Otro tipo de alérgenos son los pelos de los animales domésticos (principalmente los de gato), el moho en los ambientes húmedos, la suciedad y los ácaros, a los que estamos más expuestos en los meses otoñales, al aumentar el tiempo que pasamos en espacios cerrados. La mejor prevención en caso de alergia ocular es evitar estar en contacto con las sustancias que activan la alergia. Además, podemos seguir estas pautas de comportamiento para minimizar su efecto:

  • Lavarse las manos para evitar la transmisión de los alérgenos a la cara y los ojos.
  • Utilizar gotas rehumectantes para disminuir la cantidad de alérgenos en los ojos.
  • Usar gafas de sol si estamos en el exterior, lo que también nos protegerá de los rayos ultravioletas, peligrosos durante todo el año, y no sólo en verano, para nuestra salud ocular.
  • Mantener las ventanas de casa cerradas y evitar el aire seco, ya que éste puede agravar los síntomas.
  • Cuidar especialmente la higiene de las lentes de contacto.

Males invernales

Los resfriados y la gripe son otro de los enemigos estacionales más evidentes durante el otoño, ya que aumenta su incidencia debido, en parte, a que la gente está más en casa, cerca de otras personas. Además, muchos de los virus del resfriado se desarrollan en ambientes poco húmedos, haciendo las fosas nasales más secas y más vulnerables a la infección. La mejor manera para evitar el resfriado es lavarse las manos con frecuencia y evitar el contacto directo con personas que están resfriadas. Cuando esté cerca de alguien que está resfriado, no se toque la nariz ni los ojos, ya que sus manos podrían estar contaminadas con el virus.

Cómo cuidar tus ojos en invierno

Si somos aficionados a los deportes de nieve no debemos olvidar protegernos del sol con unas gafas adecuadas, en la montaña el nivel de radiaciones ultravioleta e infrarroja es mucho mayor de lo que soportamos habitualmente, y puede causar serias quemaduras en la córnea además de favorecer (por acumulación de radiaciones) el desarrollo de cataratas y lesiones en la cornea y la retina.

El utilizar gafas protectoras si practicamos deportes de interior y, especialmente, de pelota pequeña (vadminton, frontón, tenis…) para evitar posibles lesiones. No olvidar las gafas de piscina en caso de optar por la natación e ir con cuidado en el momento de sacárnoslas (pueden rebotar en la cara o crear el temido efecto ventosa, lesionando nuestro ojos).

No olvidar practicar ejercicios visuales de relajación si estamos muchas horas delante de un ordenador, leyendo, o viendo la televisión. Para evitar la sequedad ocular, más frecuente en invierno por el abuso de la calefacción, que reseca el ambiente, tenemos que acordarnos de parpadear a menudo, ser conscientes, por una vez, de este acto reflejo, para que el ojo se hidrate y utilizar colirios humectantes o lágrimas artificiales si es necesario, sobre todo si se usan lentillas. La humedad debe ser de entre un 40 y un 70%.

Además, debemos evitar el estrés visual con una iluminación suave, libre de reflejos o brillos causados por lámparas y ventanas. La pantalla del ordenador debe estar a 45-55 cm de nosotros, inclinada a unos 10-20º respecto a la horizontal. que es conveniente suavizar la iluminación si se realizan actividades. Además, alejar la mirada frecuentemente si estamos leyendo o fijando la vista en un punto cercano ayudará a descansarla.

Cuidar especialmente la higiene de los ojos, sobre todo si se utiliza maquillaje, se tiene piel grasa con tendencia a la descamación o se está resfriado o alérgico. En estos casos el lavado debe ser más minucioso, desde la nariz hacia la cara, para evitar que cualquier cuerpo o sustancia extraña consiga entrar en el ojo y causar una infección.

La alimentación y la salud de nuestros ojos

Es otra de las medidas preventivas más eficaces y necesarias para asegurar, en cualquier época del año, la salud de nuestros ojos. Las vitaminas importantes para mantener los ojos sanos son: vitaminas A, E, C, Luteína y B2 (Riboflavina).

La vitamina A es importante para el proceso de la visión, en particular para la visión crepuscular, representa una buena ayuda para conservar una potencia visual durante el día y la noche. La encontramos en tomates, pimiento verde y rojo, espinacas, hígado, yema de huevo y verduras de la familia de la col. Su carencia se relaciona con el surgimiento de cataratas, degeneración macular asociada a la edad y sequedad.

Como la vitamina E, la vitamina C es un excelente antioxidante y por esta razón muy efectiva para reducir el riesgo a enfermarse de cataratas. Se encuentra en frutas (sobre todo en los cítricos), tomates, melones, verduras de hojas verdes y col cruda.

Algunos estudios afirman que el consumo de grandes cantidades de fruta y verduras que contienen luteína reduce el riesgo de adquirir una degeneración de mácula asociada a la edad. Para las personas de ojos claros la luteína es casi imprescindible pues les protege a sus ojos de la radiación solar. La luteína está contenida en el bróculi, el maíz, las espinacas, las calabazas, las verduras de hoja verde crudas y la chicoria.

Algunos alimentos que contienen B2 (Riboflavina) son la levadura de cerveza, la harina integral, la leche, las semillas de soja, la verdura verde, el hígado y las almendras. Permite la liberación de energía en hidratos de carbono, proteínas y grasas. La riboflavina es imprescindible para la actividad de las enzimas que protegen sus ojos y los preservar de cataratas.

Fuente:

Dra. Pilar Prats N. Col. 41802

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